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domingo, 05 de febrero de 2012
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    -Es también un árbol mágico- prosigue animado Pedro. -Las mujeres que desean casarse cortan el 4 de Diciembre, día de Santa Bárbara, ramas de cerezo y las ponen en un jarro. Cada una de ellas debe llevar el nombre de un hombre con el que les gustar¡a casarse. La que primero florezca al año siguiente, señalar  al elegido. Si las flores no se abren antes de Navidad, no habrá boda .

    Pedro, después de explicar esta creencia popular, se ha dado cuenta enseguida que, sin querer, le ha enviado un mensaje y un envite de amor a Verónica. Siente un ligero sofoco y le comienzan a brotar unas gotitas de sudor en la frente. Pero ya está hecho y no se arrepiente por ello.

    Ella le mira entre dulce y divertida mientras se acerca, le coge la cara y le besa con ternura. Luego le habla suavemente:

    -Mira Pedro. Ni tú ni yo somos críos. Tenemos que estar muy seguros de lo que hacemos. Apenas nos conocemos y los dos hemos sufrido experiencias muy negativas en nuestras relaciones amorosas. No podemos equivocarnos una vez más.
    -­La famosa intuición femenina!- protestó Pedro subiendo el tono de su voz. -¿Que sabes tú de mis puñeteros fracasos sentimentales?
    -No quería ofenderte, hombre. Pero salta a la vista que no sólo te habías convertido en un escéptico de la pintura, sino que eras un descreído del amor. Llevas un mes en mi casa, hemos intimado bastante hablando de lo divino y de lo humano. Has vomitado, al fin, tus demonios y decepciones con la pintura pero no has pronunciado ni una sola palabra sobre amor, mujeres, sexo. Hemos conversado hasta altas horas de la noche -ahora la mujer le miró fijamente- y nunca has intentado hacerme el amor a pesar de que me he insinuado un par de veces.
    -Lo siento Verónica, tienes razón pero no quiero hablar de ello. En absoluto, en absoluto. Pero estráchame fuerte.

    Se funden en un intenso abrazo que dura una pequeña eternidad.

    --Pedro, sé que tienes miedo de enamorarte, de quererme. También sé que no soportas los amores pasajeros, que te duelen las pasiones efímeras como las flores del cerezo que te dejan el alma vacía todo un año. Por eso me has contado esa antigua historia de ramas florecidas y casamientos. Pero ahora mismo no podemos prometernos y sellar una relación sempiterna. Todavía somos unos desconocidos ¿Serán suficientes los colores, las pinturas, será suficiente Gauguín para mantenernos unidos?
    -Dime, ¿que podemos hacer, Verónica?
    -Pondremos en práctica tu historia. Haremos caso del viejo proverbio y el 4 de Diciembre vendré a tu pueblo a cortar unas cuantas ramas de "tu" cerezo. Me ayudarás a elegir las más hermosas y luego, las pondré todas en un jarro con agua para ver cual de ellas florece.

    La mujer sonrie, mira a Pedro y le lanza un guiño lleno de picardía mientras le dice:

    -Bueno, pensándalo bién, en realidad colocaré sólo una con un nombre; ya sabes.
    -¿Dejaras que venga a verte, mientras tanto?
    -Claro, tonto.

    Finaliza el mes de Noviembre. Pedro se ocupa muy poco de pintura, colores, estilos, tendencias ... En cambio se ha convertido en un experto en jardinería y botánica. Libros especializados en estas materias atiborran las estanterías de su apartamento. Se ha comprado un pequeño huerto donde experimenta con esquejes de "su" árbol. Los resultados empíricos son anotados cuidadosamente en una cuidada libreta ... rosa. No puede fallar, se acerca el 4 de Diciembre y todas las precauciones son pocas.


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