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-Es también un árbol mágico- prosigue animado Pedro. -Las
mujeres que desean casarse cortan el 4 de Diciembre, día de Santa
Bárbara, ramas de cerezo y las ponen en un jarro. Cada una de
ellas debe llevar el nombre de un hombre con el que les gustar¡a
casarse. La que primero florezca al año siguiente, señalar al
elegido. Si las flores no se abren antes de Navidad, no habrá
boda .
Pedro, después de explicar esta creencia popular, se ha dado
cuenta enseguida que, sin querer, le ha enviado un mensaje y un
envite de amor a Verónica. Siente un ligero sofoco y le comienzan
a brotar unas gotitas de sudor en la frente. Pero ya está hecho
y no se arrepiente por ello.
Ella le mira entre dulce y divertida mientras se acerca, le
coge la cara y le besa con ternura. Luego le habla suavemente:
-Mira Pedro. Ni tú ni yo somos críos. Tenemos que estar muy
seguros de lo que hacemos. Apenas nos conocemos y los dos hemos
sufrido experiencias muy negativas en nuestras relaciones
amorosas. No podemos equivocarnos una vez más.
-La famosa intuición femenina!- protestó Pedro subiendo el
tono de su voz. -¿Que sabes tú de mis puñeteros fracasos
sentimentales?
-No quería ofenderte, hombre. Pero salta a la vista que no
sólo te habías convertido en un escéptico de la pintura, sino que
eras un descreído del amor. Llevas un mes en mi casa, hemos
intimado bastante hablando de lo divino y de lo humano. Has
vomitado, al fin, tus demonios y decepciones con la pintura pero
no has pronunciado ni una sola palabra sobre amor, mujeres, sexo.
Hemos conversado hasta altas horas de la noche -ahora la mujer
le miró fijamente- y nunca has intentado hacerme el amor a pesar
de que me he insinuado un par de veces.
-Lo siento Verónica, tienes razón pero no quiero hablar de
ello. En absoluto, en absoluto. Pero estráchame fuerte.
Se funden en un intenso abrazo que dura una pequeña
eternidad.
--Pedro, sé que tienes miedo de enamorarte, de quererme.
También sé que no soportas los amores pasajeros, que te duelen
las pasiones efímeras como las flores del cerezo que te dejan el
alma vacía todo un año. Por eso me has contado esa antigua
historia de ramas florecidas y casamientos. Pero ahora mismo no
podemos prometernos y sellar una relación sempiterna. Todavía
somos unos desconocidos ¿Serán suficientes los colores, las
pinturas, será suficiente Gauguín para mantenernos unidos?
-Dime, ¿que podemos hacer, Verónica?
-Pondremos en práctica tu historia. Haremos caso del viejo
proverbio y el 4 de Diciembre vendré a tu pueblo a cortar unas
cuantas ramas de "tu" cerezo. Me ayudarás a elegir las más
hermosas y luego, las pondré todas en un jarro con agua para ver
cual de ellas florece.
La mujer sonrie, mira a Pedro y le lanza un guiño lleno de picardía mientras le dice:
-Bueno, pensándalo bién, en realidad colocaré sólo una con
un nombre; ya sabes.
-¿Dejaras que venga a verte, mientras tanto?
-Claro, tonto.
Finaliza el mes de Noviembre. Pedro se ocupa muy poco de
pintura, colores, estilos, tendencias ... En cambio se ha
convertido en un experto en jardinería y botánica. Libros
especializados en estas materias atiborran las estanterías de su
apartamento. Se ha comprado un pequeño huerto donde experimenta
con esquejes de "su" árbol. Los resultados empíricos son anotados
cuidadosamente en una cuidada libreta ... rosa. No puede fallar,
se acerca el 4 de Diciembre y todas las precauciones son pocas.
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