|
|
 Por Toni Villas
Al apagar la luz
y nada más recostarme,
un terrorífico mundo se abre
ante mis ojos cerrados.
Un mundo inmaterial,
plagado de negros pensamientos,
del cual soy el artífice
e indudablemente, la víctima.
No tengas miedo de la oscuridad,
resuena en mi cabeza.
Armado de valor
y en la más absoluta oscuridad,
me levanto a cerrar
esa puerta entreabierta del armario
que nunca ha parado de chirriar.
Pero, ¿y si se halla agazapado dentro
alguno de mis temores más profundos?
¿Y si debajo de la cama aún sigue
aquel ser deforme
para agarrarme del tobillo?
Metiéndome en la cama de nuevo,
los viejos temores siguen ahí.
|
|
|